Existen varias modalidades de tratamiento, según el problema a corregir y la edad del paciente:
El tratamiento preventivo persigue la eliminación de los hábitos deformantes infantiles, generalmente en la dentición temporal (de 3 a 6 años).
El tratamiento interceptivo está orientado a facilitar la salida normal de los dientes definitivos y a mejorar el tamaño y la posición de los huesos maxilares, generalmente cuando se inicia el recambio de los dientes de leche por los definitivos (de 7 a 11 años).
El tratamiento correctivo es el indicado cuando ya han salido los dientes definitivos (de 12 a 15 años).
Los aparatos correctores pueden ser removibles o fijos.
Los aparatos removibles constan de una delgada placa que se ajusta al paladar, a la que se agregan diversos elementos metálicos, capaces de mover los dientes con sus correspondientes huesos. Su manejo es relativamente sencillo pero sólo pueden corregir defectos leves o moderados, sin grandes dificultades para el profesional que los prescribe. Como dificultan la masticación, se deben retirar durante las comidas.
Los fijos constan de unos minúsculos soportes pegados a los dientes, que alojan unos alambres especiales que proporcionan la energía necesaria para los movimientos. Su efectividad es mayor que la de los removibles, estando especialmente indicados para corregir los defectos acentuados o graves. Sin embargo, debido a la complejidad de su colocación y a la cuidadosa manipulación que exigen los alambres, el profesional que los utiliza debe tener mayores conocimientos científicos y experiencia clínica, pues, de lo contrario, pueden ocasionar daños irreparables en la dentadura.

Deja una respuesta